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El frío comienza a hacerse presente en los corredores y las ventanas ya permanecen cerradas. En los salones hay calefacción pero no así en las canchas. El paisaje antes matizado en colores naranjos, rojos y amarillos ahora es blanco por la nieve que lo cubre. Se recomienda a los alumnos permanecer en sus habitaciones fuera del horario de clases y abrigarse bien cuandovallan a estas.

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Ludwig Weillschmidt

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Ludwig Weillschmidt

Mensaje por Ludwig Weillschmidt el Miér Mar 30, 2011 8:01 pm


País de origen: Alemania.

Nombre: Ludwig Weillschmidt.

Año que cursa: Tercero.

Edad: 17 años.

Cumpleaños: 3 de Octubre.

Descripción Física

Altura: 180 cm.

Ojos: Azul hielo. Su mirada generalmente está enfocada en algo; bien sea en el rostro de su interlocutor, en la tarea que tenga al frente o en el ambiente a su alrededor. Si bien muchos la considerarían gélida, en realidad es la mirada de alguien quién se preocupa mucho.
Pelo: Rubio, pulcramente peinado hacia atrás. Lleva éste estilo porque le resulta más práctico, aunque ya varias personas le han dicho que se ve mejor despeinado.
Constitución: Aparte de ser uno de los estudiantes más altos de la academia, es un joven musculoso. Cualquier extraño podría confundirlo con algún oficial del ejército. Es sumamente resistente y fuerte, gracias a eso existe un rumor de que es lo suficientemente fuerte como para matar a una persona, rumor el cual Ludwig nunca ha desmentido.Siempre se le verá con el uniforme puesto según las normas del instituto, bien arreglado y totalmente aseado. Tal preocupación por la higiene se extiende a su apariencia informal; se podría decir que sólo se verá algo desaliñado cuando esté realizando algún tipo de actividad física.
Complementos (opcional): Una Cruz de Hierro, herencia de sus antepasados, que siempre lleva consigo. Posee un tatuaje en forma de águila negra con la leyenda “Gott Mit uns” (Dios con nosotros), éste tatuaje le cubre toda la espalda.
Otros (opcional): Cierta obsesión por el orden; bien sea el orden en las habitaciones, en lo académico o en el trato con los demás. No se deja ver el tatuaje de su espalda, ya que lo considera algo demasiado privado.

Foto del alumno:
Spoiler:

Personalidad: A primera vista, es un joven sumamente serio y centrado. Siempre delante de sus compañeros en cuanto a desempeño académico y físico, se muestra cómo un joven cortés y servicial, más no totalmente sociable, ya que no comparte mucha información sobre sí mismo ni sonríe con tanta frecuencia cómo los demás jóvenes. Con las damas y con aquellos más jóvenes es especialmente atento, y nunca permitirá que se les falte al respeto, mucho menos que se les maltrate.
Aunque pueda parecer amenazador, dada su conducta siempre vigilante del orden y de las reglas, y de su constante exigencia por resultados, es en realidad un hombre muy afectuoso. Aquellos pocos que se han quedado con él lo suficiente como para conocerlo saben que jamás incumple una promesa, ni que deja que los que estén a su alrededor sufran. Es una de esas personas que hará cualquier clase de sacrificios por ver felices a aquellos a quienes ama, y que jamás pondrá el poder, la popularidad o el dinero sobre sus ideales de orden y armonía.
En el fondo, es un joven romántico que espera que el mundo sea lo que deba ser, que las familias se amen, los grandes no sean abusivos y que todos vivan en armonía, pero al ver que nadie reconoce esos ideales, se ha decidido a cuidarlos y mantenerlos él sólo, lo cual implica un gran gasto de tiempo y energía en su mejoramiento, después de todo, ¿Qué cambiará en el mundo si él no es lo que debe ser?.

Familia: Su hermano Gilbert Weillschmidt hace parte del grupo de estudiantes de cuarto año, y aunque tenga algunos conflictos con él en cuento a sus notas y sus amistades, Ludwig no dejará de apoyarlo ni de quererlo. Su abuelo, Germania, es el subdirector del Instituto; su presencia hace que Ludwig se esfuerce mucho más, ya que le importa mucho su opinión.

Historia: Nacido en una familia pequeña y honorable, Ludiwg fue desde pequeño un chico especial; ordenado, obediente y tímido, solamente sonreía ante su hermano mayor y su madre. Su familia lo educó de la mejor manera, y aunque jamás tuvo el carisma de su hermano o la capacidad guerrera de su abuelo, su fuerza de voluntad y su gentileza hicieron de él un miembro excepcional de aquel clan; tuvo una infancia feliz, llena de juegos y paseos, marcada por la presencia de su hermano Gilbert, quién en esta época se convirtió en la persona más importante para Ludwig.
Tal dicha terminó pronto; en medio de peleas familiares, problemas económicos y separaciones, la familia se distanció. Mientras su hermano mayor fue enviado a la casa de un amigo de la familia, Ludwig fue enviado a una aldea en las montañas, donde los hombres que alguna vez habían luchado junto a su abuelo vivían aislados; aquellos hombres le enseñaron todo sobre la guerra y el mundo. En las enormes bibliotecas aprendió todo lo que había que aprender y en aquellos campos aprendió a luchar; pero fue en su habitación donde escribió cartas interminables para su hermano, y donde vio por primera vez a una persona que le cambió la vida.
Fue en una mañana de otoño cuando conoció a una de las sirvientas del lugar; una niña grácil de ojos color miel y cabello castaño, que venía de un hermoso país mediterráneo. Su alegría contrastaba con la austeridad del clan, y sus dotes artísticas la hacían indispensable en la vida de la comunidad; servía con alegría y trataba a todos con amabilidad, y hacía sonreír a todos quienes la conocían. Apenas habló con el joven Ludwig, éste se sintió atraído por ella; habló con ella durante muchas tardes, violando la ley del clan, según la cual un aprendiz no debía tener contacto con mujeres.
Su idilio secreto con aquella sirvienta, marcado por silencios y disimulos, lo cambió para siempre; Ludwig aprendió a amar a otra persona, a dar lo mejor de sí por alguien con quién sólo compartía sentimientos. La chica le enseñó cómo tratar gentilmente a la gente, y cómo dejar atrás la timidez para revelarse a los otros tal y cómo era. Los cambios de actitud de Ludwig, si bien fueron del agrado de sus maestros, causaron cierta sospecha entre ellos; al final, los hombres mayores del clan se dieron cuenta de la transgresión de las normas, y enviaron a Ludwig a una aldea mucho más lejana en las montañas del sur.
La despedida de él y la muchacha fue rápida y desgarradora; se juraron amor eterno, y ella juró que lo esperaría. Cuando los hombres del clan se llevaron a Ludwig en sus hombros, él pudo escuchar en la lejanía el nombre de su amada, Felicia.
La separación con la muchacha lo afectó de muchas maneras; pasó semanas sin comer ni dormir, esperando a que la muerte se lo llevara. Pero tal cosa no pasó; empezaron a llegarle cartas de su hermano, cartas que jamás habían llegado antes. Ese contacto le devolvió la esperanza y las ganas de vivir, haciéndolo entrenar más que nunca en aquella comunidad; llegó a ser el orgullo de sus mentores, quienes decidieron que con 16 años, ya era más que apto para entrar en una de las mejores academias del mundo.
Así fue cómo tras un ritual en el que el águila real de la familia fue grabada en su espalda, el joven alemán venido de una comunidad aldeana, con una gran cantidad de conocimientos y un entrenamiento físico incomparable, llegó a la Academia. Feliz de encontrarse de nuevo con su amado hermano, y dispuesto a enaltecer el nombre de su familia, a pesar de los crecientes rumores sobre la existencia de unas hermanas.
A punto de entrar a segundo año, Ludwig está dispuesto a ser el mejor estudiante de su generación, a seguir del lado de su familia y de, tal vez, encontrar en aquel lugar el amor que perdió en su antiguo hogar.

Pertenencias:
- Una cruz de hierro, recuerdo de su familia, que siempre porta en el cuello.
- Un reproductor de MP3 y unos audífonos de alta gama.

Le gustan:
-El orden y el cumplimiento de las reglas.
-La cerveza, las salchichas, en general, la comida de su tierra natal.
-Leer, especialmente libros técnicos, históricos y filosóficos. De vez en cuando lee romance, pero no lo acepta.
-Cocinar y hornear postres. Sólo su hermano conoce ésta afición.
-Los animales, sobretodo los perros.
-La música clásica y el rock pesado. Más que todo Beethoven, Wagner, E Nomine y Rammstein.
-La natación.

Ne le gustan:
-Las personas abusivas, ruidosas y perezosas. Tiene un poco de fobia a los latinos (españoles, franceses, latinoamericanos, italianos).
-Las actitudes escandalosas.
-Los errores gramaticales y de ortografía (?)
-La comida agridulce
-No se toma muy bien las bromas. A duras penas tolera las de su hermano mayor.

Datos extra:
-Es demasiado perfeccionista, por lo que se demora más de lo normal en hacer sus tareas.
-Ha criado perros desde pequeño, por lo que sabe mucho de éstos animales.
-Se avergüenza con facilidad.
-Es bastante paciente y algo sobreprotector.


Entrevista de aceptación

La sala del director es un ambiente amplio y bien iluminado por los amplios ventanales que se muestran frente a la puerta y por detrás del escritorio, estos están cubiertos por la mitad con una cortina semi trasparente y puedes observar el campus de la academia a través de estos. La luz da un efecto épico al escritorio con el director, pues como el día es despejado, la luz solo te deja ver la silueta del imponente hombre que sobresale con su ancho pecho y cuerpo tosco por sobre la silla de oficina. Un gesto de su mano te invita a sentarte en una silla delante de su escritorio. - ¿Cómo es tu nombre y de que país eres? -

Entró silenciosamente a aquella oficina, admirando la limpieza y magnificencia de la misma. Su paso era seguro y sus ojos estaban fijos en el rostro del director del Instituto; en vez de saludarlo, su cabeza describió una pequeña reverencia. -Mi nombre es Ludwig Weillschmidt y soy de Alemania, señor.- Se sentó luego de hablar, sin apoyarse en la silla, con la espalda recta y los ojos entornados en el rostro de su interlocutor.

El hombre sonríe y se inclina un poco, tu vista se acostumbra poco a poco a la luz y puedes notar que es un hombre de tez trigueña y cabello castaño con algunos rulitos sobresaliendo de su silueta. Su rostro se ve amable y tranquilo. Revisando uno de los papeles toma una carpeta que tiene tu nombre en la portada junto al escudo del colegio. - Aquí estás. Bien… al parecer ya tienes tu ficha ingresada. Cuéntame un poco ¿A que club deseas pertenecer? Como sabrás tienes cinco opciones. Coméntame también por que te crees apto para ese club. – Su mirada se posó en ti esperando tu respuesta, parecía muy interesado en esta.

Su respuesta no se hizo esperar- Considero que el club de deportes sería el mejor para mí, Señor. Mis habilidades físicas son aceptables, sé que ayudarán a los demás alumnos. Igualmente, las actividades físicas siempre han sido de mi agrado- Estaba un poco nervioso por la presión que tenía: sabía que no podía fallar en un momento tan importante. Una pequeña gota de sudor bajó por un lado de su cabeza, Se recostó un poco en la silla para sentir algo de comodidad y mirar con más cuidado el rostro de aquel hombre; parecía provenir de las tierras del sur, un latino, quizás?[b]

Mientras hablabas el hombre asintió un par de veces con su cabeza y tomando algunos apuntes en tu misma hoja - Bien, se tomará en cuenta lo que me dices a la hora de asignarte el club en el cual estimule más tus habilidades. - y apartando la carpeta entrelazó sus dedos sobre el escritorio emitiendo una corta risa tonta - Hera~ Hera~ ¿Cuentas con beca académica o abonarás cuota mensual? - fue directo con su pregunta y su mirada pareció más endurecida, penetrante y más brillante en la semi oscuridad que el contraste de luz y sombra le daba a su rostro.

[b]Aquella extraña pregunta lo relajó un poco; parecía que el director estuviese más interesado en las formas de pago de su colegiatura que en sus resultados académicos. –Pagaré la cuota mensual, pero procuraré ganarme una beca- Sabía que parte del dinero de sus padres y de su abuelo iba destinado a solventar su educación, más no quería resultar una carga para ellos, Ya lucía más cómodo, y aunque no había sonreído ni mirado a otro lugar que no fuera el rostro de su interlocutor, empezaba a creer que si iba a ser aceptado en la Academia.


Cerró sus ojos y su sonrisa volvió a ser suave y algo tonta. - Exelente. Y una última pregunta. ¿Por qué crees que Hetalia Gakuen es el instituto indicado para ti? – apoyando los codos en el escritorio alzó sus dedos entrelazados y su mentón descansó ahí mientras escuchaba tus palabras.

Miró al hombre directamente a los ojos, clavando en él una mirada gélida llena de determinación –Porque es la mejor academia de cuantas tiene el mundo, Señor. Sé que en ella podré explotar totalmente mis capacidades físicas y mentales, ayudando a mis compañeros, poniéndome a prueba y demostrando que mi pueblo es fuerte aún en las circunstancias más exigentes- Suspiró ligeramente luego de terminar de hablar, recostándose en la silla, sintiendo algo de vergüenza por su declaración tan directa.

Con una amplia sonrisa se levantó y extendió su mano para estrecharla con la tuya. - Gracias por venir. Consideraremos tu solicitud y serás informado con una carta si quedas admitido en nuestro instituto. Que tengas un buen día. – y una vez que estrechó su mano presionó el botón de su comunicador e indicó que pasase el siguiente alumno.
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